Javier Arenas ha fijado su objetivo político, para las próximos años, en despertar y animar el sentimiento de la sociedad andaluza sobre la necesidad de la alternancia política en Andalucía.
La alternancia política es un valor consustancial a la democracia. Cuando un programa político se agota y los gobernantes son incapaces de dar respuestas a las demandas de los ciudadanos y éstos, a su vez, perciben que la ineficacia de sus gobernantes bloquea su futuro, es propio de la lógica democrática que una fuerza política con nuevas ideas sustituya a la que ha agotado las suyas. De este modo, el cambio político abunda en la calidad del sistema democrático.
Los sistemas políticos sin renovación son propios de concepciones despóticas del poder y no sólo conllevan el estancamiento de las instituciones, sino que son los propios ciudadanos los que acaban soportando las desventajas de la degradación democrática que produce el inmovilismo. La alternancia política es, pues, en sí misma un bien democrático. Está inscrita en el código genético de la democracia.
El Partido Popular de Andalucía y muchos andaluces consideran que el cambio político en nuestra tierra es una necesidad. Nos mueven la confianza en el sistema democrático, la necesidad de regenerar nuestra vida pública, y el hartazgo de más de 25 años de gobierno del mismo color, que gestiona con viejas ideas y con el único propósito de mantenerse en el poder como sea y a costa de lo que sea.
El deseo de cambio crece día a día porque la alternativa que representa el Partido Popular de Andalucía supone un cambio sin riesgos, moderno, reformista, que aporta la experiencia de gobiernos populares en otras Comunidades Autónomas, en muchas ciudades andaluzas y en el gobierno de España, y que tanta prosperidad y mejora han proporcionado a sus ciudadanos.
El cambio político que planteamos es una oportunidad para transformar las cosas que no funcionan, para mejorar la calidad de vida de los andaluces, y para colocarnos los primeros porque somos los mejores. También para pasar la página de un gobierno que confundiendo las instituciones andaluzas con su Partido, ha hecho de la prepotencia, la soberbia, la propaganda y la manipulación un estilo de gobernar, ha convertido a la Administración andaluza en su modus vivendi y hace ya tiempo que se desvió hacia prácticas poco transparentes y fulleras. Y lo peor es que, disponiendo de miles de millones de euros de ayudas externas, ha mantenido a Andalucía en la cola de todos los índices de bienestar económico, social, educativo, cultural y científico.
Nadie puede cuestionar que los andaluces hemos avanzado en los dos últimas décadas, pero lo hemos hecho sin lograr la equiparación en rentas con otras tierras de España. Para los socialistas, Andalucía está al máximo, es imparable, y presumen de segundas modernizaciones, pero cada vez que proclaman con su aparato propagandístico algún logro, lo que realmente ponen de manifiesto es nuestra debilidad.
Después de 25 años de poder socialista, el Producto Interior Bruto per cápita de Andalucía es inferior a la media española en un 22,3% y la tasa de paro supera la media nacional en un 49%. Andalucía no ha progresado en relación con el resto de España y los andaluces nos encontramos en la zona de mínimos en producción, renta disponible y ocupación laboral. Actualmente, el 25% de los parados son andaluces; la mitad de los trabajadores andaluces tienen un contrato en precario y los salarios están muy por debajo de la media nacional. Tenemos tasas de fracaso escolar –un 30’8% de los alumnos andaluces no acaban la enseñanza secundaria- e índices de pobreza superiores a la media española –dos millones y medios de andaluces viven con sólo 530 euros al mes-. La brecha digital es patente en nuestra Comunidad –sólo el 40% de la población accede a Internet- y las ratios en investigación, desarrollo e innovación nos sitúan en uno de los últimos vagones de la Europa moderna.
Los andaluces percibimos cada día más la existencia de dos Andalucías: una Andalucía oficial, la del monopolio de una elite dominante, con su red clientelar, que teje su descomunal tela de araña para que nada se mueva sin su consentimiento, frente a una Andalucía vital, la que trabaja, la que se juega sus ahorros en montar una empresa, la que gana poco más de mil euros al mes y no encuentra una vivienda a un precio asequible, la que tiene un hijo que fracasa en la escuela o a su cargo a un familiar al que debe cuidar. La Andalucía oficial ignora las dificultades y las virtudes de la Andalucía vital.
Y también percibimos que cuando la realidad se resiste a acomodarse a la Andalucía oficial, la acción propagandística de la Junta de Andalucía se desmadra, con gastos de millones de euros para disfrazar los problemas. Así, responden a los problemas con campañas de publicidad o con promesas desmesuradas: pactos por la vivienda inexistentes, vacaciones pagadas para las amas de casa, habitaciones individuales en los hospitales, pisos gratis y alquileres baratos, becas para disimular el fracaso escolar, pagas a diestro y siniestro. Pero lo peor es que saben que no tienen ni el dinero, ni el tiempo, ni la capacidad para cumplirlas. La mejor demostración de ello es que año tras año presentan presupuestos que ignoran estas ofertas. Han convertido el ejercicio del poder en un esperpento que proclama la promesa de un maná que nunca llega.
Los socialistas creen que sus ideologías contienen las únicas soluciones con futuro y no valoran a las demás porque piensan que son erróneas o están desfasadas. Quieren mantener el poder a cualquier precio y el precio que tenemos que pagar los andaluces es la baja calidad de nuestro sistema autonómico. Su pensamiento único les ha llevado incluso a calificar los planteamientos de cambio como un insulto.
Sin embargo, el ideal democrático necesita que los gobiernos se muestren sensibles a la opinión pública y responsables ante ella. Una opinión pública, la base de la democracia como gobierno de opinión, necesita tres condiciones previas: libertad de pensamiento, libertad de expresión y pluralismo de los medios de comunicación. En estos tres pilares de la libertad ha metido la mano el socialismo andaluz hasta límites insospechados, de tal manera que el gobierno andaluz es respetado porque es temido. Hoy hay miedo en Andalucía a expresar públicamente lo que pensamos, hay una reticencia generalizada a manifestarse en contra de la opinión oficial porque las servidumbres existentes obligan al silencio. Si, además, el pluralismo de los medios está limitado, cada vez se estrecha más el sendero de libertad por el que debe caminar el pensamiento y la opinión de los andaluces.
Por todo ello, pensamos que Andalucía necesita un cambio político y que ha llegado la hora de ese cambio: el objetivo fundamental del Partido Popular de Andalucía es mejorar la calidad de nuestra democracia y alcanzar cotas de bienestar que nos sitúen entre las regiones más prósperas de Europa.
Para alcanzar este reto, nos encontramos ante dos modelos diferentes de concebir la acción política. La doctrina socialista, con soluciones anticuadas e intervencionistas, posiciones conservadoras y controladoras, ejercicios continuos de autocomplacencia y una sordera pertinaz ante la opinión pública: todo para el pueblo pero sin el pueblo. Frente a ella, el Partido Popular de Andalucía defiende una concepción del gobierno basada en la eficacia y la eficiencia, el respeto a la libertad y el pluralismo, el fomento de la sociedad civil y la reducción de la burocracia, y todo ello sin mirar al pasado, con la vista puesta sólo en el futuro de los andaluces.
El cambio seguro que propone el Partido Popular de Andalucía se fundamenta esencialmente en aprovechar al máximo nuestros recursos humanos, naturales, económicos y culturales con una visión optimista sobre nuestras oportunidades vitales.
El estado de ánimo del Partido Popular de Andalucía es el optimismo, por la confianza que tenemos en los andaluces y por la convicción de que nuestras ideas son las más adecuadas y han sido ratificadas por otros gobiernos populares, que han alcanzado en pocos años cotas de desarrollo impensables para sus ciudadanos. Queremos ganar el gobierno para transformar Andalucía, para que Andalucía sea la primera, porque somos los mejores.
Somos ocho millones de andaluces, tenemos un extraordinario patrimonio cultural e histórico, con milenarios pueblos y ciudades, un riquísimo patrimonio natural y paisajístico, un gran potencial energético por explotar, ingentes recursos agrícolas, turísticos y mineros, y una posición estratégica envidiable.
Estimamos que el verdadero cambio consiste en aprovechar la cantidad con el objetivo de convertirla en calidad. Hemos aumentado nuestro nivel de vida en estos casi 30 años de autogobierno, pero necesitamos hacer más y hacerlo más rápido y mejor que los demás, si queremos hacer posible nuestras ambiciones.
Para ello, es primordial establecer las claves de nuestra acción política, empezando por modificar modelos y comportamientos políticos y sociales, propiciando un cambio que viene a sumar y no a restar. Y la naturaleza de ese cambio tiene su base en los siguientes principios:
Teniendo en cuenta estos principios, nos proponemos desarrollar el siguiente programa de reformas.
La primera reforma tiene como propósito mejorar la calidad del sistema democrático andaluz. La regeneración de nuestras instituciones y la recuperación de la ética política es una tarea inaplazable. Las instituciones de nuestra autonomía son los auténticos instrumentos de ejercicio democrático del poder y los verdaderos pilares de su control. Por ello, hay que recuperar principios tan esenciales como el de la separación y el equilibrio de los poderes, desde el máximo respeto a la autonomía de cada una de ellos, la profesionalidad y neutralidad de la función pública –gobierne quien gobierne–, y la transparencia en la gestión y las tareas del Gobierno de la Junta de Andalucía.
El compromiso de regeneración democrática pasa por limitar a ocho años el mandato del presidente de la Junta de Andalucía. Pensamos que esta propuesta es una exigencia de la mayoría de la sociedad andaluza, junto con otra no menos importante: garantizar que las elecciones autonómicas no coincidan con ningún otro comicio electoral. Es hora de que los andaluces tengamos un debate propio, unas elecciones sin interferencias, centradas en los problemas de los andaluces.
Además, adscribiremos los medios públicos de comunicación al Parlamento de Andalucía, al sancta sanctorum de la pluralidad, y convertiremos a la Cámara autonómica en el eje de la política andaluza.
La segunda reforma será la económica para que Andalucía converja con otras regiones de España y Europa. Desafortunadamente, las divergencias existentes en los indicadores de producción, renta y bienestar económico en relación con las regiones más prósperas aumentan, en lugar de disminuir.
El objetivo fundamental del Partido Popular de Andalucía es promover la convergencia en producción, ocupación, renta y formación de capital humano con la media española. La cohesión social y territorial están en peligro si no revisamos profundamente nuestro modelo económico. La consecución del pleno empleo será una obsesión en nuestras políticas, no sólo por los beneficios económicos que comporta, sino también por las ventajas sociales que de ello se derivan. Somos el partido de los emprendedores. Nos volcaremos con cualquier andaluz que tenga una idea, un proyecto de creación de empleo y, sobre todo, con aquellos que, día a día, se esfuerzan por construir el futuro.
En un futuro sin ayudas europeas, sólo la mejora de la productividad, la búsqueda de la excelencia, la innovación en nuevos productos y procesos, el uso intensivo de nuestros recursos endógenos, el desarrollo tecnológico y digital y la comercialización propia de nuestros bienes nos llevarán por el camino del desarrollo constante y estable.
Es también esencial aumentar la capacidad de la economía andaluza para atraer inversiones de capital privado no residencial. Por ello, la política económica del Partido Popular de Andalucía pasará por mejorar las infraestructuras viarias, aeroportuarias y ferroviarias de Andalucía, por llevar la alta velocidad a todas las capitales, y promover medidas fiscales y tributarias para incrementar el flujo de capital productivo hacia Andalucía.
Y, sobre todo, bajaremos los impuestos en Andalucía. El cambio está muy claro: los andaluces somos los españoles que pagamos más impuestos y esa situación tiene los días contados.
La tercera reforma se centrará en la Administración Pública. En veinticinco años de gobiernos socialistas se ha creado un monstruo burocrático, con múltiple instancias de decisión (departamentos, áreas, consejos, agencias, etc.) y un monumental aparato normativo que provoca, para cualquier proceso administrativo que un ciudadano tenga con la administración, requisitos ingentes y trámites interminables.
La simplificación de toda esta trama administrativa, que además, se ha incrementado con la construcción de una administración paralela de empresas públicas y asesorías externas, es una cuestión que el Partido Popular de Andalucía abordará y llevará a cabo una gestión austera que contendrá el gasto público y eliminará el despilfarro actual.
El Partido Popular de Andalucía se compromete a realizar una profunda reforma de la administración, introduciendo criterios de descentralización y desconcentración en la configuración de la Junta de Andalucía que tengan en cuenta la importancia de las ocho capitales andaluzas y la relación de las provincias con los sectores productivos.
Por otra parte, llevaremos a la práctica un Pacto Local, con el objetivo de impulsar la segunda descentralización hacia los ayuntamientos. El Partido Popular de Andalucía considera que, en cumplimiento del principio de subsidiariedad, ha llegado el momento de transferir competencias autonómicas, dotadas con recursos económicos suficientes, a los Ayuntamientos, tal y como establece el Estatuto de Autonomía.
En cuarto lugar las reformas educativas serán la estrella de nuestro programa reformista. Con la educación nos jugamos el futuro. Los niveles de capital humano en Andalucía también son inferiores a la media española y mejorar las capacidades productivas de los andaluces es un reto decisivo para lograr la convergencia en renta y bienestar. Una buena educación es la mejor política económica.
El primer objetivo del Partido Popular de Andalucía es una reforma de la educación en nuestra tierra, basada en el respeto a los profesores, el incremento de horas lectivas en lengua, historia, matemáticas, inglés y nuevas tecnologías, y sobre todo, el apoyo al esfuerzo y al mérito de los estudiantes. Además, aprobaremos un proyecto de ley para combatir la violencia escolar y fomentar la convivencia en los centros educativos.
Las universidades tendrán una atención especial en nuestro Programa, para conseguir que la excelencia docente e investigadora sea su seña de identidad, convirtiéndolas en un instrumento extraordinario para el desarrollo social, laboral, empresarial y cultural de Andalucía.
En quinto lugar, reformaremos las leyes urbanísticas y plantearemos una nueva ordenación del territorio. Tras el caos urbanístico en que nos ha sumido el socialismo andaluz, estamos convencidos de la necesidad y urgencia de regenerar urbanísticamente nuestra tierra. La ordenación del territorio y la planificación urbanística se llevarán a cabo con transparencia y rigor, empleando políticas de igualdad de trato para todos los agentes urbanísticos, públicos y privados.
El Partido Popular de Andalucía luchará contra la corrupción urbanística, aprobará una nueva Ley Andaluza de Control Urbanístico que incorporará la modificación de las actuales Comisiones Provinciales de Urbanismo, redactará urgentemente un “Nuevo Plan de Ordenación del Territorio Andaluz” que sustituirá al vigente POTA y elaborará un Plan de Inversiones de Andalucía 2007-2013.
El Partido Popular de Andalucía se compromete a facilitar a los andaluces el acceso a una vivienda digna. Los andaluces y entre ellos miles de jóvenes se encuentran con una realidad que limita o imposibilita el disfrute de este derecho constitucional y estatutario.
Junto con estas reformas, el Partido Popular de Andalucía tiene también muy presente que la sociedad de hoy reclama calidad en los servicios públicos y la satisfacción de nuevas necesidades.
Por eso, el Partido Popular confirma su compromiso con una sanidad que se sitúe en la excelencia de sus prestaciones; un apoyo sin paliativos a las familias andaluzas -núcleo fundamental de nuestra sociedad-; una mejor y mayor atención a las personas dependientes y a los discapacitados con el fin de lograr su plena integración social y laboral; la solidaridad con los sectores más desfavorecidos con nuevos mecanismos de lucha contra la pobreza y una política integral que afronte la inmigración en Andalucía.
La solidaridad no es patrimonio de la izquierda y el Partido Popular reivindica su vocación humanista en la lucha contra la desigualdad social y por la igualdad de oportunidades para todos los andaluces.
El programa reformista para Andalucía que propone el Partido Popular tiene sus raíces en la España Constitucional, en la España de todos.
Nuestra identidad andaluza se caracteriza por el deseo de convivir con el resto de los españoles para compartir un proyecto común. Los andaluces nos sentimos españoles por los cuatro costados y nos consideramos partícipes de una idea superior basada en la Constitución Española y lo que ésta representa: concordia, igualdad, solidaridad. Así lo canta nuestro himno: “Sea por Andalucía libre, España y la Humanidad”.
El Partido Popular de Andalucía sienta su base ideológica en el Andalucismo Constitucional. Un andalucismo entendido como aportación y no como confrontación, un andalucismo constructivo. Nuestro andalucismo es un andalucismo que asume y potencia sus identidades de manera incluyente y que, por tanto, ni es ni puede ser nacionalista ni localista.
Ser, por ejemplo, almeriense, onubense, andaluz, español, europeo, occidental y, en último término, humano, no es para nosotros un obstáculo identitario, sino al contrario, una extraordinaria oportunidad de desplegar nuestras capacidades y nuestras responsabilidades.
Por eso pensamos que la divergencia andaluza se cura con más libertad y no con intervencionismo, con más competencia y no con menos, y creemos que la solidaridad es más real y efectiva con nuestra integración en los circuitos nacionales e internacionales de la economía y que dicha solidaridad será imposible si no aceptamos la necesidad y la urgencia de una Andalucía competitiva y abierta al mundo.
Nuestro andalucismo parte desde una concepción liberal y abierta de la sociedad andaluza, es un andalucismo que cree en las personas, no está anclado en el pasado sino que se orienta hacia el futuro, que se da la mano con las inquietudes de los andaluces para juntos construir la sociedad del siglo XXI.
El andalucismo es patrimonio de todos los andaluces y ningún partido político o corriente ideológica tiene derecho a arrogarse su representación exclusiva. Este patrimonio común andalucista se enriquece, política y socialmente, con los consensos básicos obtenidos mediante el diálogo democrático y se concreta hoy, políticamente, en las instituciones autonómicas andaluzas creadas al amparo de la Constitución española de 1978 y el renovado Estatuto de Autonomía para Andalucía que nos hemos dado los andaluces en el año 2007.
El andalucismo constitucional que defiende el Partido Popular de Andalucía es centrista y reformista. Es centrista porque teniendo como ejemplo la Transición española está alejado de radicalismos estériles que crispan y dividen a la sociedad. Es reformista porque desde el inconformismo de la realidad andaluza propone reformas graduales y equilibradas que permitan la solución dialogada y concertada de los problemas.
Desde el convencimiento de que construir Andalucía es construir España, queremos ser el gobierno autonómico más influyente de toda la Nación, y nos aprestamos a fortalecer nuestros vínculos y a colaborar juntos para escribir las páginas más importantes de nuestra historia.
Andalucía se merece un cambio, nuevas políticas y reformas en profundidad que desarrollen nuestro renovado Estatuto de Autonomía. Andalucía debe ser líder en España, no sólo porque podemos desarrollar todas nuestras potencialidades para convertirnos en la locomotora del país, sino también porque si Andalucía es líder en España estará garantizada la solidaridad y la cohesión que hoy están en entredicho en nuestra Nación.
Será un cambio comprometido con el futuro y la esperanza, que sumirá en el olvido los debates del pasado. Nuestro cambio será a mejor. Un cambio que termine con el rencor, el resentimiento y el revanchismo en la vida política de Andalucía, basado en el diálogo y el desarrollo a través del consenso de nuestro nuevo Estatuto. Con el cambio político, triunfará el andalucismo constitucional que nos permitirá a los andaluces disfrutar de los mismos derechos y oportunidades que el resto de los españoles.
Los populares conformamos un partido político heredero de la “libertad sin ira”. El partido que tiene más militantes en Andalucía y que ha ejercido de forma ejemplar el Gobierno en España y en muchas comunidades autónomas y municipios. Haremos del diálogo y la tolerancia modos permanentes de comportamiento político. Frente a la política del “todo vale”, aplicaremos los principios de legalidad y transparencia en la vida pública.
Aspiramos a construir entre todos una sociedad en la que la propaganda sectaria, los tópicos y las etiquetas vacías se vean superados definitivamente por el quehacer político sincero, claro y eficaz. Y todo ello, en el marco de la España Constitucional, la España que nos une y nos da sentido, la España de la igualdad y del progreso común. Porque España y Andalucía son realidades cargadas de futuro y de oportunidades.